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lunes, 25 de noviembre de 2013

"La pobreza es una espiritualidad"

Son palabras de Monseñor Romero en 1980:
La pobreza es una espiritualidad, es una actitud del cristiano, es una disponibilidad del alma abierta a Dios... Por eso Cristo dice con tanta emoción: ¡Dichosos ustedes, los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios!
La tradición cristiana ha valorado siempre el desprendimiento y el desapego como una forma de profundizar la apertura y la disponibilidad a la voluntad de Dios; por el contrario, las actitudes consumistas y de apego a lo material son vividas como un obstáculo a esa apertura, como algo que aleja al hombre de su relación con Dios, o, al menos, de la conciencia de la misma, que le aleja, incluso, de su propia realidad.

El propio Evangelio nos lo transmite del siguiente modo:
[Jesús] les dijo entonces una parábola:
«Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo:
"¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha".
Después pensó:
"Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, como, bebe y date buena vida".
Pero Dios le dijo:
"Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?".
Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios». [Lc 12, 16-21]
Ser pobre de espíritu es, por tanto, una bienaventuranza que se vive en la vida cotidiana y nos afina el oído a la escucha de Dios. Porque, en palabras del papa Francisco, "la verdadera riqueza es el amor de Dios compartido con los hermanos". ¿Por qué hemos, pues, de buscar riqueza en tantas otras cosas que no hacen sino frustrar, a la larga, nuestras expectativas? ¿Realmente las necesitamos?

¿No es esta pregunta la misma que nos planteábamos hace unas semanas al comenzar a analizar los contenidos del consumo responsable? Y es que, al final, la espiritualidad cristiana se muestra, también, en nuestras actitudes de consumo.

miércoles, 2 de octubre de 2013

¿Lo necesito?

Esta es, posiblemente, una de las primeras preguntas que debemos realizarnos a la hora de plantearnos cualquier decisión de consumo: ¿realmente tengo una necesidad real que cubrir? En muchas ocasiones, la posibilidad de consumir y comprar nos lleva a hacerlo de manera fácil y alegre, incluso compulsiva. Pero una actitud responsable ante el consumo debería llevarnos a valorar si, realmente, lo que pretendemos satisfacer es una verdadera necesidad, o si es otra cosa.

En otra entrada de este blog, Javier se preguntaba:
La primera pregunta que nos debemos plantear ante un acto de consumo es.... ¿necesito de verdad este producto que estoy a punto de consumir?. ¿Es necesario mantener dos o más vehículos por familia? ¿Es necesario cambiar el móvil cada año? ¿Cuántas teles son necesarias para ser felices? ¿De qué tamaño? ¿Podemos reducir nuestro consumo energético? ¿Seremos menos felices si nos desplazamos en transporte público? ¿Depende nuestro bienestar veraniego del aire acondicionado?....
En esa misma línea, el documento de reflexión "La Iglesia y los pobres", de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Española, ya caminaba claramente en esta dirección ¡¡¡en 1994!!!:
125. ...todo aquello que en mis circunstancias necesito realmente y puedo adquirirlo fácilmente, debo tenerlo con acción de gracias a Dios y el corazón desprendido. Aquello que teniendo en cuenta la pobreza evangélica veo claramente que no me es indispensable, debo renunciarlo tajantemente. En los casos de duda, que serán muy frecuentes, entre tener o no tener, siempre será mejor y más seguro renunciar, para una mayor libertad de corazón.
Porque hay NECESIDADES y necesidades.
 126. ... ¿Y cómo podemos decir con verdad que somos hermanos de los hombres si nosotros acaparamos lo que nos es innecesario cuando a otros les falta hasta lo más necesario para poder vivir?
 Sobran los comentarios. Al menos, de momento.

jueves, 15 de marzo de 2012

"No basta con cambiar las normas, hemos de cambiar las personas"

Así de claro se expresa este hombre, Sebastián Mora, actual secretario general de Caritas española, en una entrevista con Juan Ramón Lucas, emitida por RNE el pasado 29 de febrero. Habla de pobreza, de exclusión social, de pérdida de dignidad humana, de desigualdad... Y en medio de todo ello transmite esperanza, la esperanza del compromiso, de compartir el dolor y la experiencia de pobreza, de hacerlo como la forma de vivir el seguimiento de Jesús.

Desde luego que la dimensión social del Evangelio queda perfectamente reflejada no sólo en sus palabras, sino en la reseña que el programa hace de su trayectoria vital y de papel de Caritas y de toda su estructura, en la que destacan, de una manera especial, los voluntarios que atienden a diario a cada vez un mayor número de personas.

Y es que vivimos una época en la que está claro que el lugar de la Iglesia está junto a los pobres, y que todos podemos comprometernos con esta situación, comenzando por adoptar un estilo de vida austero y sencillo (como sugiere el lema de Caritas para este año, "Vive sencillamente para que otros, sencillamente, puedan vivir"), y avanzando hacia una presencia real junto a las personas que hoy más lo necesitan.

Si quieres descargarte el mp3 de la entrevista para escucharla en tu reproductor, puedes hacerlo a través de este enlace.

martes, 24 de enero de 2012

"Los que compran, como si no poseyeran"

Como anillo al dedo viene la segunda lectura de la liturgia del pasado domingo, tomada de la 1ª carta de Pablo a los Corintios: comprar y no poseer sería la verdadera actitud de quien compra algo porque realmente lo necesita, simplemente para darle una utilidad. No comprar por comprar, no comprar por tener, no comprar por presumir: comprar, simplemente, porque lo que compramos nos aporta un servicio que realmente necesitamos.
Ésta sería la auténtica actitud del creyente, convencido de que "este mundo pasa", y de que lo que importa realmente es lo que podamos "atesorar en el cielo".

domingo, 1 de enero de 2012

¿Cuándo se termina la crisis?

Hace unos días me preguntaba mi hijo: "Y la crisis, ¿cuándo se acaba?"
Yo no sé la respuesta (creo que se les escapa hasta a los "expertos"), pero me pareció una gran oportunidad para expresar lo que intuyo al respecto, y que he escuchado en diferentes medios: que es posible que la crisis no "acabe" y todo vuelva a ser como antes, sino que quizás nos tendremos que acostumbrar a otro nivel de vida, con menos posibilidades de las que ahora tenemos, pero que eso no tiene por qué afectar seriamente a nuestro nivel de vida. Aproveché para hacerle ver cómo nosotros mismos, en nuestra infancia, o incluso nuestros padres, en la suya, vivieron también "felices" con recursos muy inferiores. Los ojos casi se les salían de sus órbitas cuando el abuelo les contaba que jugaban al fútbol con pelotas de trapo.
Sinceramente, esta puede ser una posibilidad. Pero se trata de una posibilidad que no debería asustarnos mucho a los creyentes. A buen seguro que tenemos muy claro aquéllo de que nuestro tesoro no está en las cosas materiales, en las cosas que se pueden acumular (Mt 6, 19-23).